jueves, 8 de diciembre de 2011

Velaron a un celular Blackbery




     Ella, anteriormente sufrió un secuestro expres. Es dueña de una fábrica. Familia de unos emigrantes italianos, que vinieron en la Segunda Guerra Mundial.
     Ella se casó muy joven, los vendedores no creían que era la señora de la casa y siempre la mandaban a llamar a su mamá.
    Poseo varias de ella, porque es muy singular, en un pasado llevaba varios años aquí, cuando envió a su familia en Italia, una foto donde aparecía con el cabello sumamente largo. Este le tapaba la parte superior del traje de baño de dos piezas. Ellos creyeron que estaba en una playa nudista, aquí en Venezuela. Y se alarmaron. No creyeron hasta que la vieron, igualmente en fotos, en la playa con su atuendo completo. Es del signo virgo –genuina- metódica, detallista y muy cuidadosa. Su esposo murió, le dejó una casa inmensa, una heredad y dos hijos.
     El día del secuestro se encontraba al Este de la ciudad. Iba manejando, cuando dos hombres se agolparon en cada una de las puertas y se subieron al carro. Ella trató de que no le hicieran nada y no se llevaran el vehículo. Estuvieron dando vueltas, por casi 6 horas.
     Le revisaron la cartera, tenía un buen celular, tarjetas de crédito y chequeras, por supuesto. Le dijeron –chama, tú tienes real, nos llevamos el carro.
     Ella trato de convencerlos, de manipularlos para que no lo hicieran y les dijo: Bueno, yo tengo una cuenta y algo de dinero. Ellos concluyeron al decir – bueno haznos un cheque, por unos 20 milloncitos. Ella lo pensó y  filmó el cheque con nerviosismo y uno de los hombres se lo pasó a un motorizado, que iba al lado del carro. Esperaron media hora y supuestamente, el motorizado llamó afirmando que ya había cobrado los millones. Los hombres le permitieron que estacionara y la dejaron allí. Ella como pudo llamó a su hijo porque era un manojo de nervios. Así, fue su secuestro express que por supuesto es para los ricos, porque a  los pobres, simplemente les llevan el celular y un quejido lastimoso.
     En Diciembre, fue con su hijo a Suiza ¡qué bueno!. Los familiares italianos les enviaron fotos desde allá, pero tenían virus y su blackberry, explotó. Luego, llevaba un teléfono que no tenía ni generación. Sus compañeros se reían.
     Un técnico fue y lo revisó y le dijo que no podía arreglarlo, que si quería se lo vendiera por 1.800 Bs. Fuerte, para usarlo para repuesto de otros. Ella lo estaba pensando.
     Una de sus empleadas, le preguntó por el teléfono, ella le contó la historia y la muchacha (que sabía donde habían gentes, que “encontraban esos teléfonos”)     le dijo –-téngame la  plata. Llamó y en pocos minutos un motorizado vino a recogerla, ella se montó y se fueron por allí.
     Regresó, con un celular mejor. Muchísimo mejor, que el que tenía su jefa de 8 millones por sólo 1.500. Le llevó cargador y ante la pregunta de los papeles, se rehusó diciendo ¿qué papeles? ¿qué papeles?.  Al fin, logró un teléfono mejor y a bajo costo.
     Alguien le acotó que –ella no sabía al pobre que habrían matado por el teléfono, qué habría corrido sangre por él.
     Ella petrificada, pensó esta vez, en la ganga y en el delito. Tenía temor del muerto.
Así que sacó dos velas y colocó entre ellas el blackberry, por la persona  que había muerto. Todos se rieron de la imagen- graciosa y grotesca, al final- Un amigo le dijo que colocaría la foto en Facebook y ella le señaló inclemente ¡qué la borrara!
     Pero allí quedó el blackberry iluminado, glorificado, exaltado por su nueva tecnología. Y constar una vida a quien lo lleva consigo. Cosas de la existencia.  
                                             

                                     

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