Para transitar por la vida tenemos
que ir de la mano de bellas personas, de hermosas almas que den luz y brillo a
nuestra existencia. Así ha pasado en mis días. En mi adolescencia, conocí a
Yanilda, excelente compañera y amiga desde los 10 años. Ella sostenía una lucha
contra mi nostalgia y a veces vencía. Me dio la mano en un momento en que lo
necesitaba. Hace apenas un año hablé con ella y le señalé mi felicidad actual.
En esa misma fecha de mi bachillerato, conocí a Abat con
sobrenombre “Kabubi” y a Sandra; ellas protagonizaron un episodio bastante
pintoresco. Teníamos Educación Física y debíamos recorrer la cancha, pero en un
descuido unos viles rateros, les llevaron sus pertenencias. Entre las cuales
estaban sus pantalones, sus relojes y su dinero. Ambas tuvieron que recorrer
amplio espacio con un mínimo pantalón corto y algo para medio cubrirse entre
las dos. Sus compañeras no sabíamos, si reírnos o compadecerlas. Porque eran
supertímidas y delgadas. Así que sufrieron lo lindo para llegar a su casa.
Las bendeciré
toda mi vida. Porque gracias a ellas he logrado mi felicidad traducida en
cada meta que me propongo y que Dios con su magnificencia me ayuda desde lo
alto. Por eso, en las fechas más importantes las recuerdo y pido para ellas lo
mismo que el Ser Supremo me ha dado LA ALEGRIA DE VIVIR.

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