miércoles, 14 de diciembre de 2011

Por una pierna






Fue un día tormentoso, en el cual debía llegar hasta la última Estación del Metro. Todo estaba colapsado. Grandes cantidades de gente, intentaban sobrevivir dentro del encierro. No había aire acondicionado. Ese día tenía la meta de llegar a mi hogar sin importar cualquier obstáculo. Busqué un rinconcito en el vagón y me sostuve como pude. Los parlantes iban diciendo que el sistema estaba colapsado, pero yo solo pensaba en concluir mi viaje.
  Llegué a la estación donde debía bajar. Entre tanta gente, me resbalé y una pierna quedó entre la pared y el bajón. Dos ideas pasaron por mi mente, en esos pocos segundos: la primera, perdí la pierna y segunda YO SOY MÁS ESO, seguiré viviendo y luchando. En una nebulosa, escuché que resonaban alarmas de emergencia. Oí gritos que decían “una señora se cayó”. Posteriormente, varios hombres me levantaron como pudieron. Apoyé ambas piernas y enseguida me fui al piso. No sabía si una de las piernas tenía una fractura, pero lo que sí sabía era que me dolía un montón. Se agolparon  millares de estrellitas y pitos que no cabían en mi cabeza.
  El vagón siguió de largo y yo me caía cada dos metros, por la baja de tensión. Me recuperaba y rodaba dos metros más. En realidad, en aquel entonces el Metro estaba totalmente deshumanizado. Poco les importaba que pasaba en las estaciones ¡mi querida burocracia!. Alguien se condolió de mí. En mi letargo oí una voz de mujer que pedía ayuda. Me sostuvo y me ayudó a caminar. Habló en la taquilla y me llevaron a una oficina con una camilla. Allí mis signos vitales se normalizaron.
  Pregunté  en qué estación me encontraba y ya un poco mejor decidí tomar un vehículo. Llamé a mi hermana señalándole que se me había bajado la tensión y que me esperara. La pierna la sentía partida en tres partes pero podía dar uno que otro paso. Dios es grande.
  Junto con mi hermana, llegué a mi casa. En mi pierna observé tres hematomas, por los cuales no podía caminar correctamente. Pero si tenía la fe de que todo pasaría. Seguiría siendo yo, la que va detrás de cada meta. Sin creerme mejor que otro, pero sí particular porque Dios y mi familia me enseñaron que mientras tenga alma, podré sobreponerme a las contrariedades del mundo. Lo básico es aprender de él y evolucionar.
  Así voy intentando darle la mano a quien lo necesite y continuando mi camino, con mis metas, con aciertos y fracasos como todo ser humano; viendo el vaso lleno en vez de vacío y así respirando en la vida, hasta que ella concluya.




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