Con
un metro cincuenta centímetros nos consideraban unas gigantes, se les veía en
los ojos; y sólo éramos unas simples muchachas, temerosas del mundo. Pero con
una increíble motivación de logro. Era el inicio del próximo semestre, nos
acercamos a las paredes de vidrio, para ver nuestros horarios, nos
preguntábamos ¿qué nos tocará ahora?. Comúnmente nos
deleitábamos leyendo obras románticas, modernistas y vanguardistas. No
importaba si unas o otras, siempre recurríamos a críticos que nos
proporcionaban una información de la obra. Siempre en la comodidad de nuestro
hogar, muy bien recostadas, entre almohadones. Apenas bajábamos de la
Universidad, charlando sobre el próximo trabajo. Usando al límite la
creatividad porque no había mucho dinero, era la época de las vacas flacas
y queríamos lo mejor.Entonces. Observamos el horario, sabíamos de la mayoría de
materias: Literatura Universal 2, Literatura Española 2, Análisis Literario 2,
Dinámica de grupo, Planificación Educativa etc y resaltaba Educación para la
salud. Copiamos el horario y preguntamos a otros compañeros que iban rezagados
y sabían más que nosotros. Ellos nos dijeron de todo un poco, nos hablaron de
ropa deportiva, medias y algo de Educación Física. ¡No podíamos creerlo!
hasta allí nos perseguía ¡tan bonito nuestro promedio! Nos fuimos con el
malestar entre pecho y espalda, el cual retornaba entre verso, o parlamento
existencialista de Shakespeare. Así que llegó el inicio de
las clases, las materias que conocíamos no requerían sino dedicarle tiempo y
creatividad. Pero nos tocó Educación para la salud, en primer lugar teníamos
que trasladarnos de nuestra sede a otro edificio. Era como si nos quitaran las
raíces, bueno llegamos hasta allá y nos hicieron pasar a un salón inmenso. Nos
mencionaron la ropa a utilizar, y la importancia de la materia. Al final casi
lloramos, sólo nos quedaban nuestros libros y nuestra pasividad.
Finalmente, llegó el día. Nos dijeron que nos colocáramos la ropa deportiva y la
profesora nos señaló ¡Síganme! Llevábamos los ojos inmensos y se abrieron mucho
más cuando vimos la pista ¡horror!. Nosotras no sabíamos nada de eso, era otro
mundo. Posteriormente, la profesora nos habló de las evaluaciones: correr en
pista, abdominales y circuitos. ¡Dios mío..., se nos cayó el mundo!. Ya
que nuestro pensamiento estaba en nuestras calificaciones. Llegó
el miércoles de la clase, la profesora adusta, simplemente nos dijo que allí
estaba la pista y deberíamos dar 20 vueltas. Pensamos ¡ok qué se va a hacer!.
Iniciamos trotando, en esa pista de super- atletas y no habíamos dado 2 vueltas
y ya estábamos cansadas. Así que pensamos ¡ni modo, no es lo nuestro! Caminamos
y caminamos, creo que casi toda la mañana. Lo que
sé es que salimos exhaustas y con un bronceado arrebatador, no muy cómodo, como
pudimos llegamos hasta la parada. Íbamos pensando ¡qué broma!. Yo entre hoja y
hoja iba maquinando como hacer. Pensé en mis padres, en mi abuela y en mis
metas. Y tracé mi proyecto, trotar alrededor de la casa, primero 10 min, luego
20, 30 y luego 45 sin parar. Y más terco que un tauro, hay pocos. Nos
cambiaron de profesora por una pasante, que nos alivianó el trabajo, sin
embargo eran las mismas evaluaciones. Teníamos que contabilizar los abdominales,
intercambiarnos y una amiga para favorecerme, me perjudicó, porque debería
realizar un gráfico donde se observara la mejora. Y tenía que triplicarlos.
Seguí con mi trote semanal, y con esto perdí 10 kilos ¡qué tiempos aquellos!
Todo esto a pesar de beber suficiente jugo de mango. Logré mi
meta, trotar 45 min sin parar, colocándome a la par de amigas acostumbradas al
baile y al ejercicio. No pudo ni la fiebre, ni los malos augurios.
Debimos subir telas metálicas, (yo me hacía la idea de ser bombero) me
favorecía tener pies pequeños, subía bajaba con gran alegría y con los gritos
de mi compañera. Otro ejercicio que me gusto bastante era los
saltos de sacos, yo me entretenía dejando correr a mi niño interno y cuando
llegaba a casa, tenían que darme masajes, bien mi abuelita o mi papá, quienes
veían mi esfuerzo. Bueno todo se tornó de desgracia en fiesta, concluimos
nuestra materia y obtuvimos casi el total de la calificación.
La enseñanza que toda persona,( o profesional) no debe olvidar,
realizar ejercicios para cuidar su salud y rendir más. Además, nos quedó el
goce y el saber que Dios está dentro de nosotros y si queremos algo con mucho
amor y FE lo lograremos. No soy nada especial, sólo soy
triunfadora porque respiro, lo demás lo hace Dios.

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