lunes, 28 de noviembre de 2011

Visita inesperada

Realmente, creo en un mundo después de la muerte. Pero no me doy mala vida. Pienso que lo esencial en nuestra existencia está basado en las eternas premisas “amar a Dios sobre todas las cosas””y a tu próximo como a ti mismo”. Mi familia siempre ha sido bastante religiosa. Mi abuela comulgaba todos los domingos y todos los viernes de cada mes. Además tengo una hermana “sacristana” que no pela un domingo en misa.
Mamá ha sido bastante pragmática dice:- primero mis deberes familiares y luego mi religión. 
Sin alargar tanto la anécdota, tenía yo veintidós años estaba en la Universidad; de lo más entusiasmada con mis compañeras y mis estudios. Mi abuela y mi mamá lavaban en un apartado detrás de la casa. Ese lugar era un poco sombrío y alejado para nosotros, los transeúntes.
Ese día, sentimos una ráfaga de aire frío. Mi abuela contaba con 55 años y yo tenía mis 54 kilos. Sentimos algo extraño, nos miramos una a la otra e intentamos tres veces seguidas, cerrar la puerta. Pero no cedía. Llamamos fuertemente a mi mamá, quien llegó de un cuarto de la casa.
Ella vino y con una sola mano como si fuera una pluma cerró la puerta y nos miró cómo preguntándonos qué nos pasaba. El mismo día, supimos que en la mañana había muerto una tía abuela, muy querida que  deseaba venir a nuestra casa. Ella siempre quería comer las mangas que aquí se daban. Y que nosotros siempre le llevábamos. Ella estaba recluida en un lugar para ancianos. A mí me partía el alma, pero nosotros no, podíamos hacernos cargo de ella.
Así que ese día, pensé que fue la visita que Dios le permitió realizar a nuestro hogar. Y sólo la dueña de la casa podía decidir si entraba o no esa entidad o espíritu (no sé como definirlo). Pero creo que nuestros seres queridos siempre están con nosotros. Esta fue la última visita de nuestra tía Isabel a nuestra casa

                                           

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