jueves, 24 de noviembre de 2011

Julio

¡Es mi amor, mi complemento! juntos vamos abriéndonos paso en la existencia, es mi fotógrafo particular, yo le digo - ¿tú crees que si me monto en esa piedra, cerca de las flores, me tomas una foto?. El me responde irónicamente –sí con lo chiquitita que eres- y yo como niña traviesa, dejo correr las carcajadas estrepitantes.

Cocina espléndidamente y realiza vestidos de fiesta para mí. Además, crea mis pulseras y zarcillos.

Quizás, lo esperé porque se parece mucho a mi padre, domina de todo un poquito. Bueno, somos iguales, yo soy docente, coloco uñas acrílicas, hago algo de costura, me fascina el dibujo, cocino y hablo por doquier.

Yo soy su niña, y cómo no tenerme;  como antiguos liceístas. Me hacía la visita, viendo un programa de televisión –que decimos ahora en dúo- ¡qué malo!, pero nuestro amor nos unía. Yo me hacía una y mil veces, la pregunta.¿Será el hombre que estará conmigo toda la eternidad?; y mi corazón decía – sí. tum, si tum, si tum.
Dos veces me dijo para casarnos. Porque yo quería mi vestido blanco y mis ilusiones. Ser señora, como lo fue humildemente, mi abuela. Y Julio aceptaba el reto, sin miedo y sin protestar. Se colocaba en mis manos y ellas lo llevarían al cielo.
Primero, papá dijo a la propuesta de matrimonio, -tienen que conocerse mejor-. Pasaron los días y compartimos parques, museos y como adolescentes; cada uno se iba a su casa. Ya en marzo, me volvió a insistir –¡vamos a casarnos!. Yo volví y se lo referí a papá. Igualmente me señaló –hay tiempo para conocerse- ya mi alma taurina, casi no lo soportaba pero dije ¡bueno! crujiendo los dientes.
Continuaron las visitas, las carcajadas compartidas, los besos de colegiales y las manos sudadas, de la duda planteada, si el compás del corazón era el mismo. Ya estábamos cansados de jugar a Romeo y Julieta . Pero Julio con su alma de Libra, continuaba allí. Trayéndome rosas, chocolates, tarjetas y discos; que ya decían basta ¡tengo tu alma, pero no tu cuerpo!. Yo entendía el mensaje. Llegaba de corazón a corazón. Mi prima me dijo que me parecía mucho a la protagonista de la majestuosa y triste película “COMO AGUA PARA CHOCOLATE”. Yo asentí y seguí con mi karma, con los ojos brillantes de Julio y sus manos sudorosas.
Ya de tanto reclamar y decir que me dejaran casar. Mi abuelita, me ayudó y levantó su voz , le dijo a papá –te van a llevar el mandado.
Yo ya pensaba pasar por una jefatura y señalar que éramos concubinos y ¡ya!, pero no me cuadraba del todo. Por fin mi papá oyó, la reflexión de mi abuelita. 
Por fin, se iniciaron los preparativos. Un horror.- Por favor, no digan que eso me pasa sólo a mí y a la Pantera Rosa-. La iglesia quería que nos sometiéramos a un curso inaguantable de seis meses; tuvimos que buscar otra. . Julio tuvo que ir lejos, para encontrar sus documentos. El lugar previsto para la fiesta no pudo ser; la madrina se le presentó un compromiso. Los recuerditos- hechos por nosotros-en un pequeño resbalón, Julio los dejó sin cabeza.
A mi mamá se le iba su niña y se enfermó de una pierna, que no podía moverse; sólo pudo ver mi vestido de novia y decirme –está bien, y sentarse en un banquito, que un vendedor le prestó. Mis nervios aumentaban. Yo nunca había preparado una fiesta. Y los nervios me mataban.
 Todas las noches me medía el vestido de novia, esperando con temor que no me sirviera. Pero siempre estaba Julio, allí. trayéndome, paz y paciencia. Pensando, será mía, en cuerpo y alma.
Una tía me ayudó mucho- se lo agradezco- porque nunca hubiera salido victoriosa, contra tantos molinos de viento. Primero nos casamos por civil, la calma se apoderó de mí y hasta muy tarde, al medio día, estuve arreglando el lugar donde íbamos a festejar.
Mi papá me dijo –¿qué esperas? Yo corrí a ponerme el vestido, mi hermana intentó arreglarme el cabello y 40 llamadas no dejaban de sonar, al celular, a mi casa, en mensaje de texto y gracias a que no tenía Internet porque hubieran aumentado su número. Julio en la línea, no esperaba más. Por fin, llegué a la jefatura. El no quería dejar de caminar, en actitud nerviosa. Yo lo entretuve con toda mi calma. Mis padres no venían, iban a buscar a un familiar. Pero él sabía que yo estaba allí y su familia con él.
Finalmente, todos llegaron y nos casamos. Pero allí no acabó todo, faltaba un mes para casarnos por la iglesia. Mis nervios se aceleraban. Uñas acrílicas, vestido, medias, zapatos, invitados y música.¡Pobre de mí!El carro, previamente adornado, no funcionó. Tuve que irme en una camioneta de la casa, así que fue un matrimonio, a lo rústico. Mis primos y cuñados tenían camionetas ¡qué podía hacer!.
Mi Luna de Miel, me la pasé visitando hospitales porque comí mariscos, mal cocidos y me dio, gastritis. Yo me quejaba y me revolcaba y Julio siempre me decía – Todo irá bien.
Nuestra vida juntos, ha sido muy bonita. No les miento, han existido sus altas y bajas. Pero siempre nos ha unido un gran amor, que espero dure toda la eternidad.
                                                

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