domingo, 20 de noviembre de 2011

Nuestra Noche

                                           


Preparaste todo nuestro encuentro, semiluz, nuestra música preferida y la improvisada cama. A nuestros veinticinco años, el deseo es constante. Claro si lo estimula la excitante ducha, el hermoso recinto que has reservado para mi.
  Llevo mis manos a mi cabellera y dejo caer mi pequeña bata, ya soy toda tuya. La sangre fluye por todo el cuerpo, que tú conoces muy bien. Yo alabo tus hermosas piernas torneadas, bronceadas y por su puesto tu virilidad. Haces tuyo todo mi cuello, el cual embriagas de cálidos besos y luego bajas a las aureolas placenteras. Te detienes en mis caderas y luego al volcán de niña, a la usanza actual. Me dices tu reina, tu diosa y continúo con el vaivén constante. Me ato a tus masculinos hombros y a tu boca sensual. Muerdo tus labios, paso a tu lengua, ya toda tu boca es mía. Beso tus hombros fuertes y me invitas a más caricias. Yo coloco una mirada picara y voy bajando muy lentamente. Ahora, son tus gemidos los que se escuchan de pleno placer. Tienes a  mi boca, como cuenco amatorio, casi divino. Mis manos también no se detienen, buscando el placer que me pediste, ya no puedes más; ya no puedo más. Ambos estamos deseosos de formar una sola piel. Así nos encuentra la madrugada, amándonos sin medida y gimiendo el deseo. por eso no existe mundo, no existe hora solo dos cuerpos que se desean en pleno frenesí

                                    

                                           

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