Cuando llegué a mi nueva casa, conocí a Bertha. Pintoresca, dicharachera y super-particular. Teníamos muchas cosas en común, y principalmente el signo tauro.
Generalmente, hablábamos en doble sentido que siempre llevaba su contenido erótico. Yo certeramente, brindaba en carcajadas. Bertha tenía unos lindos ojos verdes que casi envidiaba, porque se asemejaban a una plácida laguna de igual color. Siempre pensaba que el conjunto de mi piel broncíneo le faltaba como complemento unos ojazos así. Pero la naturaleza simplemente dijo; no. Y agradezco a Dios estos ojos café, que me han permitido ver muchas cosas hermosas y otras no tanto_pero que olvido.
Ahora que recorro de arriba a abajo, mi parroquia, viene a mente Bertha. Ella era toda una señora, casada con el muy querido señor Pablo. Ambos visitaban la montaña fría degustando fabulosas merengadas de fresa, cerca de la ciudad. Igualmente, paseaba por las playas cercanas y en las largas vacaciones, disfrutaba de mi amada Venezuela.
Había cuidado a los hijos de su esposo, que la consideraban madre. Pero no tuvo los propios. Cada 11 de septiembre, la recuerdo, porque la tragedia universal la viví con ella. En esos tiempos, ya estaba en declive, su esposo tenía fuertes indicios de Alzheimer y se caía de la cama frecuentemente. Ella lo tenía que levantar y en una oportunidad se le resbaló. Así se facturó la muñeca. Son tantos recuerdos... Creo que uno es un ser que va recopilando nostalgias y añoranzas. Hasta que no pueda más, como decía una tia-abuela "ya no me salen lágrimas, porque he derramado demasiadas" y nosotras en la niñez nos asomábamos a esos ojos que habían vivido tanto y que estaban enmarcados por un fuerte rojo sangre. Señalando la veracidad de la expresión. Así añoro a ambas y todavía puedo derramar gran variedad, hasta que mis ojos estén sedientos como los de la abuela Antonia. Por lo pronto, mi cuaderno es sumo testigo de lo señalado.
Imagen: Sanchez Ramirez
Generalmente, hablábamos en doble sentido que siempre llevaba su contenido erótico. Yo certeramente, brindaba en carcajadas. Bertha tenía unos lindos ojos verdes que casi envidiaba, porque se asemejaban a una plácida laguna de igual color. Siempre pensaba que el conjunto de mi piel broncíneo le faltaba como complemento unos ojazos así. Pero la naturaleza simplemente dijo; no. Y agradezco a Dios estos ojos café, que me han permitido ver muchas cosas hermosas y otras no tanto_pero que olvido.
Ahora que recorro de arriba a abajo, mi parroquia, viene a mente Bertha. Ella era toda una señora, casada con el muy querido señor Pablo. Ambos visitaban la montaña fría degustando fabulosas merengadas de fresa, cerca de la ciudad. Igualmente, paseaba por las playas cercanas y en las largas vacaciones, disfrutaba de mi amada Venezuela.
Había cuidado a los hijos de su esposo, que la consideraban madre. Pero no tuvo los propios. Cada 11 de septiembre, la recuerdo, porque la tragedia universal la viví con ella. En esos tiempos, ya estaba en declive, su esposo tenía fuertes indicios de Alzheimer y se caía de la cama frecuentemente. Ella lo tenía que levantar y en una oportunidad se le resbaló. Así se facturó la muñeca. Son tantos recuerdos... Creo que uno es un ser que va recopilando nostalgias y añoranzas. Hasta que no pueda más, como decía una tia-abuela "ya no me salen lágrimas, porque he derramado demasiadas" y nosotras en la niñez nos asomábamos a esos ojos que habían vivido tanto y que estaban enmarcados por un fuerte rojo sangre. Señalando la veracidad de la expresión. Así añoro a ambas y todavía puedo derramar gran variedad, hasta que mis ojos estén sedientos como los de la abuela Antonia. Por lo pronto, mi cuaderno es sumo testigo de lo señalado.
Imagen: Sanchez Ramirez

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.