Esa mañana fue diferente, particular
acomodé con suavidad mi vestido
y me coloqué algunas de mis prendas
unifique mis manos en una crema suavizante
me miraste, tu mirada era fuego fulminante
Te convertiste en esclavo de mi cuello
devoraste casi por totalidad las gotas
fragantes de mi perfume
luego pasaste a las suaves aureolas de mis senos
besándolas una y otra vez, cuan niño sediento
finalmente, nos entrelazamos en nuestro lecho
para comprometernos; tú en adorarme
y yo en idolatrarte eternamente

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