Sé el hombre, él que añoro
el puerto para descansar del diluvio
el hombro fuerte, mi eterna compañía
el oído atento de mis cuitas amargas
los dedos sensibles como gaviotas en mi piel
la respiración que lleva el mismo compás, de la mía
el amante, el niño. El oasis, el desierto
mi alfa y mi omega, donde nazco y donde muero
simplemente, soy la mujer latente en cada sueño
en cada motivo que se hace emoción
soñemos juntos en este lecho,
este lugar para el amor, para la entrega
y el pacto para la vida
no me dejes volar sola que sufriría
Imagen: Lauri Blank

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