El, es el oyente ferviente de mis cuitas pasadas
de un mundo que fue y ya no existe.
Nada puede herirme, ni mutilarme
Es el compañero, es el amigo
quien llena los cuencos de mis lágrimas
quien me hace olvidar mis penas,
para convertirlas en esperanzas
es el niño. es el hombre que amo.
A quien me entrego en cuerpo y alma
porque tiene una sensibilidad inigualable
Es explosión en el lecho y serenidad en la vida
quien me entiende, sin pronunciar palabra
Junto con mi hijo, es quien me motiva
a abrir los ojos cada mañana.
Imagen: Andrius Kovelinas

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.