Sola quedé en el piso de madera
de la casa que me había recibido como mi hogar. Todos vinieron a verme,
había sido un fino regalo para la niña de la casa. Sus finas manos me habían
tomado y todos allí vieron mis espléndidos ojos azules vidriosos, de pestañas
largas, mi porcelana de fina procedencia y mi traje de lúcido esplendor
Mi dueña me había colocado en un lugar preferencial, pero ella sin querer se tropezó, al pasar
al refugio que protegería a toda la familia del asecho alemán, Corrió a toda prisa. Y me
transformé en finos pedazos que ni siquiera albergaban un corazón latiente, que
se pudiera observar. Algo de sentimiento yacían en mi ser. Dos
hermosos galanes posaron su mirada en mí. Un aristócrata de bella presencia.
Ataviado con un fino uniforme lleno de medallas, cerca de un aeroplano de la
época. Hacía en un fino cuadro enmarcado en la pared . Sus ojos se sumergieron
varias veces en mi ser, provocándome un cálido sopor.
Igualmente, desde un plato de porcelana, muy semejante a mi,
no dejaba de verme a los ojos y a los labios; un apuesto capataz moreno y de
ojos verdes de la lejana California . En verdad, era extraño lo que sentía,
ambos me habían hecho experimentar, sentimientos confusos y muy difíciles de
comprender. Todos habían sido gentiles conmigo. Poseían una
gran sensibilidad, la cual apreciaba en grado superlativo. Y un poco de mi sentir
le pertenecía a cada uno. Pero ya no había posibilidad, me había convertido en
frágiles pedazos de ilusiones, de desear ser y pertenecer, pero ya era un
amargo pretérito que jamás será. Dije:
ADIOS
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