Miguel Paz B. « »
«Lo erótico en “Cien años de soledad”».
El Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1968, Papel Literario, El Novelista y su Fama, p 2.
una..."mujer de signo trágico y extraordinaria impavidez es Remedios, la bella, pues todos los hombres que se le acercaban atraídos por su exótica belleza estaban condenados irremisiblemente a la muerte. “Un día, cuando empezaba a bañarse, un forastero levantó una teja del techo y se quedó sin aliento ante el tremendo espectáculo de su desnudez. Ella vio los ojos desolados a través de las tejas rotas y no tuvo una reacción de vergüenza sino de alarma. —Cuidado —exclamó—. Se va a caer. —Nada más quiero verla, —murmuró el forastero. —Ah, bueno —dijo ella—. Pero tenga cuidado que esas tejas están podridas. El forastero tenía una dolorosa expresión de estupor, y parecía batallar sordamente contra sus impulsos primarios para no disipar el espejismo”.
Remedios continuó bañándose imperturbable, impasible, hablándole al hombre del peligro que corría. Pero “el forastero confundió aquella cháchara con una forma de disimular la complacencia, de modo que cuando ella empezó a jabonarse cedió a la tentación de dar un paso adelante. —Déjame jabonarla —murmuró—. —Le agradezco la buena intención —dijo ella—, pero me basto con mis manos. Después, mientras se secaba, el forastero le suplicó con los ojos llenos de lágrimas que se casara con él. Ella le contestó sinceramente que nunca se casaría con un hombre tan simple que perdía casi una hora, y hasta se quedaba sin almorzar, sólo por ver bañarse una mujer. Al final, cuando se puso el balandrán, el hombre no pudo soportar la comprobación de que en efecto no se ponía nada debajo, como todo el mundo sospechaba, y se sintió marcado para siempre con el hierro ardiente de aquel secreto. Entonces
«Lo erótico en “Cien años de soledad”».
El Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1968, Papel Literario, El Novelista y su Fama, p 2.
una..."mujer de signo trágico y extraordinaria impavidez es Remedios, la bella, pues todos los hombres que se le acercaban atraídos por su exótica belleza estaban condenados irremisiblemente a la muerte. “Un día, cuando empezaba a bañarse, un forastero levantó una teja del techo y se quedó sin aliento ante el tremendo espectáculo de su desnudez. Ella vio los ojos desolados a través de las tejas rotas y no tuvo una reacción de vergüenza sino de alarma. —Cuidado —exclamó—. Se va a caer. —Nada más quiero verla, —murmuró el forastero. —Ah, bueno —dijo ella—. Pero tenga cuidado que esas tejas están podridas. El forastero tenía una dolorosa expresión de estupor, y parecía batallar sordamente contra sus impulsos primarios para no disipar el espejismo”.
Remedios continuó bañándose imperturbable, impasible, hablándole al hombre del peligro que corría. Pero “el forastero confundió aquella cháchara con una forma de disimular la complacencia, de modo que cuando ella empezó a jabonarse cedió a la tentación de dar un paso adelante. —Déjame jabonarla —murmuró—. —Le agradezco la buena intención —dijo ella—, pero me basto con mis manos. Después, mientras se secaba, el forastero le suplicó con los ojos llenos de lágrimas que se casara con él. Ella le contestó sinceramente que nunca se casaría con un hombre tan simple que perdía casi una hora, y hasta se quedaba sin almorzar, sólo por ver bañarse una mujer. Al final, cuando se puso el balandrán, el hombre no pudo soportar la comprobación de que en efecto no se ponía nada debajo, como todo el mundo sospechaba, y se sintió marcado para siempre con el hierro ardiente de aquel secreto. Entonces
quitó dos tejas más para deslizarse en el interior baño”.
—Está muy alto —lo previno ella asustada—. ¡Se va a matar! Las tejas podridas se despedazaron en un estrépito de desastre, y el hombre apenas alcanzó a lanzar un grito de terror, y se rompió el cráneo y murió sin agonía en el piso de cemento”.
—Está muy alto —lo previno ella asustada—. ¡Se va a matar! Las tejas podridas se despedazaron en un estrépito de desastre, y el hombre apenas alcanzó a lanzar un grito de terror, y se rompió el cráneo y murió sin agonía en el piso de cemento”.
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