lunes, 9 de septiembre de 2013

Solitaria



El cuarto se hizo inmenso con toda la oscuridad

El olor de mi crema, unido al perfume invadieron la habitación

la estancia,  estaba inclementemente negra

 Pocos encajes cubrían mi piel, todavía con muestras de mi baño

en verdad, estaba inquieta, con deseos reprimidos

cambiaba una y otra vez mi fiel almohada

pronto, abracé la suya y mi olfato sentenció

aún más su ausencia, su  hiriente olvido

mis cabellos negros  revoloteaban de un lado a otro

Decidí no permanecer anulada, callada e inexistente

lo seguí a la habitación donde estaba su oficina

Horas y horas , él permanecía  en este recinto

Y yo sola, triste, marginada. Un objeto más de la casa

Decidí buscarle, manifestar mi deseo galopante

De tener al hombre que me amase y que necesitaba

Las prendas estaban de más para decirle de mi tristeza

Llegué al lugar, le sorprendí  y escuchó mis razones

Mi deseo de no estar sola, triste y apartada

Dejó su trabajo en la computadora y fue totalmente mío

La alcoba se lleno de fuego y de inmensas llamas

Lo sentía dentro de mí, olvidando totalmente la soledad hiriente

Imagen Frans Mensink







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